Abolición de la pena de muerte en Ruanda
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Callixte Gakwaya fue condenado a muerte en marzo de 1997 tras un juicio sin las debidas garantías procesales. © AI
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Ruanda ha abolido la pena de muerte, convirtiéndose con ello en el
último país que se suma a la tendencia mundial de erradicar la pena
capital y contribuyendo a acelerarla.
Ruanda es el primer país de la región de los Grandes Lagos que pone fin
a las ejecuciones, y el país número 100 que ha abolido la pena de
muerte en su legislación. Por otro lado, ya son 30 los países
abolicionistas en la práctica. En África, 14 países –entre ellos
Ruanda– son abolicionistas para todos los delitos y 18 son
abolicionistas en la práctica
Se espera que el paso adelante que ha dado Ruanda constituya la chispa
que encienda la mecha de la abolición de la pena capital en África
Central. Se han producido señales alentadoras por parte de Burundi, en
cuya versión revisada del Código Penal, pendiente de promulgarse, se ha
eliminado la pena de muerte como castigo para todos los delitos.
En Ruanda, las últimas condenas a muerte fueron impuestas en 2003 y las
últimas ejecuciones tuvieron lugar en 1998, cuando fueron ejecutadas 22
personas declaradas culpables de crímenes relacionados con el
genocidio. En la actualidad, en Ruanda hay unos 600 presos en espera de
ejecución, aunque se les va a conmutar la pena en virtud de la nueva
legislación.
Uno de los principales obstáculos para transferir a la jurisdicción
nacional de Ruanda a personas detenidas bajo la custodia del Tribunal
Penal Internacional para Ruanda, o a personas sospechosas de genocidio
acusadas por el Tribunal que viven en el extranjero, era la pervivencia
de la pena de muerte.
Otros obstáculos han sido la capacidad del sistema de justicia ruandés
para garantizar juicios justos y varios motivos de preocupación
relativos a su independencia, imparcialidad y transparencia. La
abolición de la pena de muerte es un avance.
Amnistía Internacional pide ahora al gobierno ruandés que copatrocine
la resolución sobre una suspensión mundial de las ejecuciones que se
presentará en la Asamblea General de la ONU en octubre, y que anime a
otros países de la región a apoyar la resolución.